lunes, 11 de julio de 2011

Diana Dowek Incomoda.

Diana Dowek ha tomado un tema que se extiende ante nosotros ya, desde la frontalidad del título y es argumento de toda la muestra. Se propone recorrer con sus imágenes un día en la vida de una obrera de fábrica, que es a la vez delegada gremial de sus tres mil compañeros. El relato genera una secuencia con lógica fílmica y cada cuadro aparece como un fotograma extraído de un documental.

El extrañamiento delante de estas pinturas, se produce porque el espectador no termina de acomodarse frente a la imagen que se le ofrece.

Es propio del fotorreportaje, al atender a la necesidad de testimoniar el aquí y ahora con toda claridad, el plantearse un ojo crudo y directo que recorte y destaque el punto a observar, en relación dialéctica con el entorno que lo modifica y lo carga de sentido.

Pero acá estamos hablando de pintura y es propio de la pintura imaginar una ficción. Si el dibujo es el sostén de la forma en esta propuesta pictórica no hay dibujo, por lo menos estrictamente hablando. Dowek no se ha puesto a dibujar sino a componer a partir de fotografías que ha tomado de su objeto de estudio. Desde ahí, y transferidas a la tela, las tomas podrían comportarse como en el fotorreportaje y contarían una historia real. Posible de ubicar en las coordenadas de tiempo y espacio.

Pero una obra de arte no se configura por el tema sino por la forma que adquiere la presentación de ese tema. Podemos constatar que los datos que ofrecerían las fotos para definir tal ubicación han sido intervenidos, escondidos bajo un grafismo, lamidos por el vuelo del pincel. A diferencia del Hiperrealismo y del Pop que entraban en el mundo del consumo para exponer con exactitud las marcas y diseños que utilizaba el mercado poniéndolos como protagonistas, en esta pintura todo ese mundo ha sido pasado a segundo plano.  Encontramos algunos restos de tipografías, carteles borrosos en cajas, paquetes o envoltorios, que están ahí por lo que les toca de ser fotografías pero han sido transfigurados en pintura y dejan de ser un testimonio o prueba por la que pudiéramos deducir la pertenencia a un lugar concreto. (Aunque recordemos que Diana está hablando de un lugar real, con gente real)

En esa misma línea podemos leer la aparición en esta serie, de una protagonista. María Rosario. Desde el título de la muestra, se nos prometió contarnos una vida, se nos propuso encontrarla en cada situación descripta. María Rosario no es un personaje de ficción. El día de la inauguración de la muestra en el Centro Cultural Borges, estaba allí posando para las fotos junto a la pintora o dialogando con los asistentes. Protagonista, pero no una estrella, sólo un paso al primer plano. El retrato que se nos muestra de ella no pretende contar una psicología, ni siquiera es épico como para celebrar una gesta.

Con la pincelada que se mezcla con el dato fotográfico, el recorte de algunas figuras o situaciones a partir de rodearlas de un plano liso que tiende a geometrizarse, la renuncia ascética al color planteando monocromos sutilísimos, casi como susurros. El recurso del fraccionamiento rítmico de una forma, quiebres secuenciales en el punto de vista, (todo un vocabulario que Dowek ha ido extrayendo desde su fibra más íntima y se puede rastrear en su historia) nos está llevando, esta pintura, por encima de los datos de la crónica.

El nivel de la fotografía implica la certificación de realidad, esto es así, existe. Pero no le basta con quedarse en esa prueba y entonces la imagen se pictoriza, entra en los niveles de reflexión donde florece una experiencia universalizada desde esa raíz absolutamente comprobable. María Rosario no está idealizada.
María Rosario es todas las María Rosario. Una mujer es todas las mujeres. Una trabajadora es todas los trabajadores. Una fábrica, todos los lugares de trabajo. Una lucha todas las luchas. Pero sin lavarse de contenido en el montón, en el impersonalismo. Refieren a una realidad comprobada.

Y el espectador no termina de acomodarse precisamente porque el lugar no es cómodo.
Con su trabajo de pintora Diana Dowek nos hace testigos de cómo el trabajo aceitado en esa maquinaria,  reduce a la vida del hombre a la repetición automática del modelo de la máquina, aún hoy en el siglo XXI como lo era en los "Tiempos Modernos".
Pero el protagonismo de la máquina y del producto se ve ahora cuestionado por el otro protagonismo. La humanidad, desde su lugar aparentemente más débil, la mujer; desde la acción más cotidiana y silenciosa, la rutina del trabajo; es el motor más potente de cualquier cadena de producción. La que enciende la máquina. Propone la producción a al modelo del protagonista.
Muy incómodo.


Luis Espinosa


Publicado en ramona web en abril de 2008

Analía Roth Neifert. El Cuerpo Que Define Al Mundo.

Pinturas, instalaciones y acciones de Analía Roth Neifert

Comencemos por observar un cuerpo humano, su tamaño, su peso, su capacidad de moverse, de trasladarse, de ocupar distintos puntos en el espacio. Un cuerpo que es capaz de relacionarse con su medio, frena ante un objeto sólido que se le interpone, cambia de dirección para esquivarlo, se derrumba en una flexión de articulaciones y experimenta la solidez de la tierra. De un salto se pone de pie y se estira, asciende al dominio del aire.
Somos capaces de notar estos movimientos, calcular estas trayectorias, porque en cada una de estas detenciones o instantes donde culmina un gesto, logramos medir la posición de ese cuerpo con respecto a un paisaje referencial. Una serie de coordenadas cartesianas nos darían un mapa de ese recorrido en el espacio. Una serie de adjetivos nos daría la secuencia de actitudes adoptadas.

Supongamos ahora que ese cuerpo está ausente, la acción ha cesado. Ya no encontramos músculos que se mueven, sino, nos queda el entorno, todavía latiendo como un halo o un resplandor, consecuencia de aquella vitalidad.
Quien no hubiera presenciado la danza, se encontraría súbitamente con los indicios de un universo trastocado, efectos de una causa, ecos de una vibración.
Un desparramo de pistas aparentemente inconexas, claves de un enigma invitando a descifrar sus códigos para reconstruir el camino hacia el origen.

Tal es el desafío ante la obra de Analía Roth Neifert.
El caótico cosmos ante el que nos encontramos ¿pudo haber sido tejido por un hábil demiurgo?
¿Puede el tamaño de esta huella asociarse con una acción humana?
Pinturas sobre telas que duplican el tamaño de la superficie del cuarto en el que fueron pintadas.
¿Puede la energía del grafismo, la salpicadura y el empaste ser la huella de una mujer?
¿Se puede dar un orden a un caos de semejantes dimensiones?
¿Es imposible?
Aquí se esconde la verdad que emana de esta obra.
Esta mujer ha logrado lo imposible.
Pone a la vista lo que permanecía oculto.
Nos queda la evidencia de que la naturaleza humana se desborda, rompe sus propios frágiles límites y se expande hasta hacer del cosmos infinito una representación de la interioridad que grita desaforadamente la evidencia de una conciencia que se afirma en la vida.
Así, todo lo que rodea desde afuera, lo circundante que solemos llamar realidad, lo incluido y lo excluido de la trama social; amanece tocado por el misterio y queda interpelado por este arte que exige por resonancia, que lo mundano también emita su grito.

Luis Espinosa

Publicado en ramonaweb en marzo de 2008, www.ramona.org.ar y en el catálogo sobre la muestra Circunvalaciones, de Analía Roth Neifert en Centro Cultural Estación de Ferrocarril, Trenque Lauquen,
del 19 de marzo al 6 de abril de 2008. http://ramona.org.ar/node/19844

Horacio Zabala. Tenebroso Aparecer.



Si lo que ha desaparecido tiende a desaparecer de la misma conciencia que podría mantenerlo en la memoria, todo intento de construcción yace vano, por tal destino de desvanecimiento de lo que fuera en otro momento una experiencia vital.
O, a la inversa, la conciencia sabiéndose condenada de antemano al olvido, fija esos datos esenciales para su existencia de manera de volverlos a encontrar en un rincón del día y así obtener una oportunidad de reconfigurarse en su vitalidad.

Tenebroso es tiniebla, lo que no tiene luz.
Zabala le ha dado a la conciencia la oportunidad de echar luz a las tinieblas.
Su modo de fijar esos datos esenciales consiste en sustraer de esa experiencia vivida una pequeña parte de su residuo, aquello que puede ser para la conciencia, evocador.
Rápidamente lo anota en un boceto, lo sostiene, lo analiza, desarrolla y lo suelta en la construcción de una forma. Cada forma, una hipótesis del mundo. Todo el mundo, pero tanteado en las tinieblas desde lo más cercano, la realidad en que vivimos, que es al mismo tiempo lo que nos pasa y lo que construimos.

Zigzag implica que se recorrerá la muestra atando cabos, uniendo este dato con aquel.
Una buena llave está a mano en el homenaje a Duchamp donde las reglas del juego, se han burlado, en la imposibilidad de ceñirse a los escaques.
¿No es una ironía que el neo-secador de botellas enarbole tanto el objeto de consumo como la materia prima del trabajo del cartonero?
¿No corremos inmediatamente a las formas puras señaladas por Mondrian para buscar un orden?

La heráldica ha desarrollado los códigos para el diseño de los escudos de armas de la nobleza. Se acentúa cierto punto de vista al ofrecer abolengo a los triviales enseres de los desposeídos. Estas "armas" (botellas, hondas, auto) no sólo hablan de una violencia explicita o latente. Hablan también de las complejas causas de una desproporción. Estamos en una prolija sala del circuito del arte de Buenos Aires y desde este mismo lugar sigue estando vigente la consigna que proponía que "el arte se define por la función que cumple en la sociedad". Pero la motivación ética del artista ha dejado de ir abiertamente al choque político contra el poder para internalizar en la misma estructura de las obras la autoridad interpretativa del receptor, ofreciéndole una oportunidad de encontrarse. El artista ya no es un iluminado sino que invita a sacar a la luz lo que permanecía en las tinieblas, y no lo hace solo.

Desecho de esta tarea, el lápiz, gastado casi hasta su muerte, la goma deformada de corregir mil veces, continúan con la enunciación del método. Podríamos ver, entre un intento y otro, el común denominador de un arte proyectual que se opaca llamándonos la atención sobre sí mismo y no actúa en su función mediática en orden a satisfacer un objetivo práctico. Devela la capacidad del Hombre de proyectarse, de lanzarse hacia, de trascender sus propios límites.

Hay algo de la percepción de este infinito, al que tendemos desde nuestra limitación, que parece abrirse ante nuestros ojos en la forma interminable del círculo. Esa serie de "V" que eran a la vez un signo de nuestra potencia anímica y de nuestra expectativa histórica, han mutado a ser portadoras de una tensión, una tira de goma que las transforma en hondas que si bien son armas también tienen el sentido etimológico de lanzar con el que nos veníamos identificando.
Ese poderoso círculo en la pared nos insufla la fuerza suficiente para intentarlo.
El zigzag nos lleva al círculo de sillas con el que Zabala ganó el Salón Nacional. Si se lee como círculo cerrado podría alertarnos sobre el proyecto de unos pocos que pretenden ocupar esos espacios, pero leyendo el círculo en su infinitud, el proyecto podría ser el que nos pone en el lugar de una familia numerosa donde cada uno, sin jerarquías podríamos mirarnos cara a cara. Ascendiendo los niveles que nos propone la lectura del círculo encontramos un neumático incendiándose, recortado del frente combativo del piquete, parece en su danza señalar el estado espiritual que este fuego provoca.

Toda lectura es hermética, todo lector tiene el poder de leer libros imposibles. La vida se despliega como una biblioteca ante nuestra ceguera. Y más allá, a modo de merchandising, una constatación: "cada día somos menos", ambiguo slogan que nos impulsa a tomar posición.
Una fuerte indagación de nuestra angustia, nuestras luchas, nuestros muertos, trampas, herramientas para la destrucción del proyecto vital de nuestra humanidad: la vida.
O para la defensa.
El grito de Zabala reverbera luminoso entre estas paredes pujando por salir otra vez a la calle.
Si pudiéramos reconfigurarnos alentando nuestro manojo de trastos inútiles...


Luis Espinosa

Espacio: Wussmann, Venezuela 570, Buenos Aires
Artista: Horacio Zabala
Inauguración 13-03-2008
Cierre 21-04-2008

Publicado en la sección "Reseñas" de ramona web en marzo de 2008 

La Palabra y La Imagen

Poesía Visual en la Barraca Vorticista
"8º Encuentro Internacional de Poesí­a Visual Sonora y Experimental"



La palabra, ese territorio del hombre, germen del largo discurso o del malentendido, continente de la pasión, bomba de estruendo, sutil escondite de las intenciones.

La palabra que necesita de tantas palabras para ser explicada o que puede retirarse al aposento del silencio para no ser pronunciada. Decir mucho sin decir nada.

La palabra se ha hecho visible en alianza con la imagen. Poesía visual, la energía condensada de dos mundos provocando una intersección llameante y eruptiva.

En la reacción inmediata que provoca la obra, como una flor que se abre delante de tu vista, como un puñado de arena en los ojos, está la magia y el secreto de la gran variedad de producciones que se amontonan bajo ese título.

Poesía Visual.

Por octavo año consecutivo, Vórtice Argentina realiza el Encuentro Internacional de Poesía Visual (esta vez en homenaje a Edgardo Vigo, artista platense que desde los 60 produjo poesía visual en Argentina influenciando a generaciones)

Con participaciones de Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Italia, Perú y en las categorías Gráfica, Objeto, Instalación, Libro de Artista, Video-Poesía, Performance, Publicación, se presentan más de cien obras en la nueva sede de Vórtice, la Barraca Vorticista.

Algunos nombres: León Ferrari, Juan Carlos Romero, Omar, Hilda Paz, Alejandro Thornton, María Rosa Andreotti, Mónica Christiansen, Javier Robledo, Javier Sobrino, Carlos Estévez, Belén Gache, Rosa Farfán, Marta Ares, Marcelo Lo Pinto, Fernando Fazzolari, etc.

Cada rincón una sorpresa, cada palabra un desafío, en el corazón de la Barraca Vorticista late una frescura que se renueva con la amplia concurrencia de público a los eventos y performances. Un espacio que crece para promover expresiones que no están muy presentes en otros circuitos. Otra oportunidad para tomar la palabra.

El evento está muy bien documentado por Fernando García Delgado en 
y hay más información en www.vorticeargentina.com.ar

Luis Espinosa
Octubre 2007.

martes, 9 de marzo de 2010

La palabra cantada de Horacio Berdini

Por Luis Espinosa


Cuando un disco conmueve no es sólo una canción la que llama la atención sino que la emoción brota de la percepción de un todo.

Un conjunto de canciones que son capaces de llevarnos a distintas experiencias pero manteniendo un eje conceptual que no estará únicamente en las letras o el discurso que emitan sino en el misterioso modo de presentarse en el mundo, moviendo el aire hasta nuestros oídos.


Una canción es una semilla que brota y germina regada por el tiempo, cuando termina nos queda el olor de su flor, el sabor de su fruto que nos alimenta.
Cuando en un disco hay varias canciones así, o todas, quedamos adentro de un inmenso jardín.


Me conmovió el disco de Horacio Berdini, me conmovió su voz, la unidad de esa creación consistente que se encadena en un fluir perfecto.

Berdini canta canciones y ofrece algunas características admirables. El timbre cálido de su cantar es capaz de sentir y decir sin afectaciones, como si pusiera su voz claramente en el lugar de un instrumento que se cuida, se afina desde el alma y se toca con delicadeza a la vez que se tensa con fuerza. La participación de cada instrumento, guitarra, piano, bandoneón, violoncello, oboe, percusión, no aparece por detrás de esa voz sino tejiendo un contrapunto, dialogando de igual a igual. Un trabajo de gran detalle donde cada arreglo está ubicado en el mejor lugar posible.


El repertorio parece estar elegido con una conciencia de identidad. Ese tópico cultural que se pregunta profundamente acerca de las características esenciales de un ser en un tiempo, en un lugar, en una comunidad. La solución bien podría mirar hacia atrás en la cómoda y rígida tradición, pero el caso es que Horacio Berdini saborea algunas de las mejores composiciones de nuestra tierra y las canta con futuro. El tango, el folklore, el candombe, la canción, son tratados con la particularidad que cada género requiere para no ser traicionado y, a la vez, con un renovado aire que en principio toma el espíritu de la música de cámara, logrando que cada instrumento tenga su parte en el gran equilibrio. Duetos, tríos, cuartetos, quintetos, las combinaciones se suceden en función del producto y aquí ese resultado es la emoción.

Si destacábamos la unidad del conjunto del disco “Posdata: Abrázame Canción” no podemos dejar de señalar que una canción es una voz que canta unas palabras, las palabras dicen, la voz dice. Desde la vivencia profunda de ser argentino, desde ese modo único de decir, de frasear, Horacio Berdini logra presencia y novedad, con verdad y sin moda.
Con arreglos, dirección y una excelente guitarra de Daniel Berardi y la participación instrumental de grandes músicos entre los que se destacan el bandoneón de Walter Ríos y el piano de Ricardo Nolé.

Un disco para escuchar y redescubrir en cada pasada.


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El disco "Pd.: Abrázame Canción" de Horacio Berdini, se consigue en "Otra Lluvia" Bulnes 640 Ciudad de Buenos Aires, tel 011 4866-4440
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sábado, 20 de febrero de 2010

La Palabra y el Cuerpo en Carlos Estévez

Una actuación de Carlos Estévez en el 8 º Encuentro Internacional de Poesía Visual, octubre de 2007.





En cada presentación de Estévez, uno empieza extranjero.

Tal como en otro país, cultura e idioma se nos Cierran delante de la vista y Comienzan Sólo a revelarse Mediados por la Guía Turística. El frágil y tambaleante cuerpo de Carlos se presenta opaco. Veo eso: un hombre que se mueve.



A medida que transcurre su primer poema, o el segundo, la visualidad de su gesto, el dueto con sonidos o con su voz grabada, y las imágenes que despliega el trabajo que se toma en desplegarlas, van transparentando ese cuerpo que se mueve. Y de pronto ya se ve más allá y se aprende de golpe un idioma, una cultura. Que no es otra cosa que el idioma y la cultura que somos y tenemos pero transfigurados en las formas que el poeta exprime desde la escena.


Un alambre de púa manipulado con guante de cuero peligroso, punzante, es el comienzo de un poema que Secretamente ha dedicado al escultor Norberto Gómez. Como Aquellas esculturas que evoca, el dolor se retuerce sobre músculos y huesos. Y una milicia de Ángeles se descuelgan a lo largo, de Lado A Lado de La Sala, custodiando las Naciones Unidas al cielo Que no se puede llegar. Entonces describir los conjura y su hechizo.

El idioma que nos enseña Estévez, Se compone de palabras cortadas que riman con palabras cortadas obligando al Esfuerzo de Reconstruir un sentido que casi se resbala entre los dedos.

O tan primitivamente gutural que su código se lee desde los propios genes que Llevan impreso ese ritmo desde mil generaciones. O se hace palabra precisa, certera y todo se ve como una danza que se Modula en la cavidad bucal, Masticando el aire sobado con la lengua.




El cuerpo de Carlos se hace liviano, crece su palabra, su forma de pronunciar la sílaba, la energía de su gesto.

Las imágenes superponiendo Se fueron tras cada poema y nos dicen que el mundo se va Transformando por acción del poeta.


Encaramado sobre una escalera de dos hojas, es ahora Poetarzan En su selva, las lianas donde cuelgan los Tratando de libros Alcanzar. Salta de árbol en árbol, Carlos Estévez, de palabra en palabra, de espectador en espectador, Entre nosotros.





Luis Espinosa
Octubre de 2007
Publicado en Revista Ramona web

sábado, 29 de agosto de 2009

Aníbal Garfunkel. Profeta de las Formas.

por Luis Espinosa



Porque siembran vientos,
recogerán tempestades.
(Oseas 8, 7)

Jeroboam mandó construir un templo subiendo la colina, donde pudiese ubicar la estatua del becerro, porque bien sabía que en los atributos del animal, fuerza, poder, majestuosidad, fertilidad, se encontraban expresados los supremos atributos del Dios único.
Al entrar al templo y encontrar la imponente presencia del toro, los ojos se elevarían por encima de su figura en busca de esa otra presencia que en su invisibilidad se haría patente más allá de la forma. Así podría competir contra la casa de Judá.
Sin embargo el oro refulgente de su cuero encegueció los ojos de los ofrendantes que se quedaron en la corteza de la artesanía.
Esta perdió la referencia a las manos que la construyeron y su materialidad se pensó como divina.

Mucho tiempo antes Aarón había recolectado aros y collares de las israelitas para fundir con ese metal en el molde, otro becerro, que satisficiese la necesidad de adoración que parecía no cumplimentar Moisés con su tardanza.

La voz de los profetas se alzó para denunciar estas falacias.

Por medio de ellos el mismo Yahveh anunció la destrucción de aquellos que habían de sumergirse en su propia mentira. Y eso no era una amenaza a cumplirse por mano divina, sino la evidencia de un hecho ya consumado por sus propios actores.

No es profeta quien adivina el futuro ni aquel a quien le es dado el don de saber lo que vendrá, sino el que percibe y revela (y aún en el caso de que todavía no llegue a entenderlo) el sentido de los acontecimientos, adelantando sus consecuencias.

Puede pensarse que los tiempos bíblicos fueron superados por la era de la tecnología y sus gigabytes de información y razón.



Sin embargo, Wall Street, en pleno siglo XXI, también ha erigido su becerro. Un poderoso toro en acción de embestir, emulando la embestida del capitalismo con sus cuernos de finanzas.
En plena calle, un escultor entusiasmado ha construido al ídolo expuesto a la veneración de los turistas y de los inversionistas en la capital del universo.
Así nomás, sin cuestionamientos, por encima de la bestia puede percibirse la invisible presencia todopoderosa del mercado.

Y el toro dorado no sacia jamás su sed de poder y amenaza con la caída de las bolsas para obligar a todos a caer de rodillas, para que nadie se siente en su lomo y lo denuncie.

Aníbal Garfunkel ha tenido una visión y ha aceptado el desafío de adentrarse en el desierto a esperar con paciencia a que esa visión se aclare. Cuando encuentra su toro, lo hace por una necesidad imperiosa de visualizar una imagen que le viene empujando desde adentro. Para sacarla a la luz trabaja sin descanso a lo largo de un mes.

La misión del profeta es siempre a pesar del profeta y sus limitadas fuerzas. Así el artista siguiendo su impulso ético deviene profeta de las formas y compone estructuras capaces de gritarle al mundo:

"Tu toro de oro también se hunde en aquel otro oro que lo sustentaba."

Garfunkel ya venía reflexionando en su obra sobre los elementos contradictorios de la experiencia humana. En otra muestra había presentado esforzados nadadores intentando mantenerse a flote sobre un mar de petróleo.
Fue el impacto de esas pinturas lo que motivó una invitación de la Dirección General de Cultura del Honorable Senado de la Nación a exponer en el Salón de las Provincias del Congreso de la Nación Argentina. Y esta oportunidad motivó a su vez al artista a ponerse en movimiento.

Un gran toro de oro macizo de cinco metros de longitud sumergido hasta el lomo en oro negro, esta escultura con apariencia de pesado metal precioso, esconde la liviandad del telgopor tallado, recubierto de una resistente cartapesta patinada con pintura dorada. Rodeada de un blando colchón de cuerina negra, rellena, haciendo las veces de un circundante mar de hidrocarburo.

La cercanía de esta imagen inmensa con aquella de Wall Street y con los becerros bíblicos nos ubica delante de la imposición de su poder y mientras todavía hipnotiza y subyuga, nos percatamos de que así, sumergida, contradice su plenipotencia y se dirige hacia su propia negación.

Nos abre los ojos para desoír las apariencias y ver al que se jactaba eterno, sucumbir en su paradoja.

Por ese motivo la obra del profeta Garfunkel se torna molesta. Se puede leer en varios niveles y en todos denuncia. En lo personal, en lo global, pero es particularmente interesante ver cómo irrumpió sorpresivamente en el centro del poder de la Argentina, el Congreso Nacional, y cómo algunos legisladores se incomodaron con su presencia percibiendo sólo, en el sentido más literal, la relación del toro con el conflicto que mantuvo el Gobierno Nacional con el sector del campo, sin notar que todavía los cuestionaba más allá de esa contingencia.

El resultado fue que al tercer día se le pidió a Garfunkel que retire su obra. No, no fue censura, fue pánico de que esa imagen contamine la serenidad y el equilibrio del recinto sagrado.

En un último gesto antes de partir satisfecho, Aníbal Garfunkel buscando la salida para llevar su escultura al flete que lo esperaba en la calle, colocó por un momento a su gran becerro desestabilizado sobre el descanso de la escalinata principal del edificio donde nace la ley.

La gacetilla oficial ya anunciaba la próxima actividad cultural.

¿Reaccionaremos a tiempo, nosotros, que todavía podemos salir a flote?

Luis Espinosa
Noviembre de 2008

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